miércoles, 3 de agosto de 2016

Hermandad Nuestra Señora de las Nieves - 3ª Parte:


No hay manera de encontrar los libros de cuentas y de actas de estos años de actuación de la Hermandad. Parece se han perdido aunque hay quien opina y quizás acertadamente, que posiblemente no han existido nunca. Aunque bien pudiera ser, que en manos de herederos un tanto indiferentes, han sido arrumbados y en cualquier momento pueden salir de donde menos se espera, cuando la nueva generación que parece más interesada en estas cosas de viejas historias, de arte y cultura, los encuentre al revolver los papeles de sus abuelos en algún antiguo arcón, o tras de los libros de una desvencijada biblioteca, o quizás entre los antiguos libretos y legajos en el viejo archivo de Santa María que su Párroco Don Juan Candil Ríos trato de organizar y salvar.
Para ese no obsta para que la actuación de la Hermandad, desde su fundación haya sido entusiasta y de completa entrega hasta el 1.975, en que señalamos el último Prioste. En realidad no es el último, pero sí de una generación de una época, que le dio un aire, un tono "sui generis", y que a partir de entonces cambia el rumbo de la Hermandad como luego veremos.
Volviendo a esta primera etapa de la vida de la Hermandad, debemos recordar que como Camareras han figurado algunas señoras devotas de la Virgen que sin nombramiento propiamente dicho, en la mayoría de los casos, por mutuo acuerdo entre la Junta de Gobierno y las que más destacaban en cada comisión se encargaba, como una obligación moral del cuidado de la imagen y de su altar, y de la conservación de sus enseres, ropas y efectos. Así nos recuerdan a Doña Manuel Piña y su hija Concha, Doña Rosario Vázquez, Srta. Estrella Tinoco y Doña Francisca Caballero Infante Soldado, siempre ayudadas por la entusiasta colaboración de las otras muchas devotas, cuya lista interminable, no es cosa de incluir.
Al desaparecer Doña Francisca Velázquez, como familiar y cariñosamente se conocían a la última, se hizo cargo su hija Isabelita con la gran ayuda de Amparo Gómez Zarzuela, hija de Don Vicente, secundadas por Sole Gil Benot, sin olvidad la apreciable colaboración de María Pepa Maruri Piña, que sin figurar como camarera, ni cargo alguno, ha resulto grandes e importantes problemas, como el arreglo y dorado del Paso, y el obsequio que hizo del nuevo raso blanco para el trasplante del bordado del manto, cuyo importe, el del traslado fue ya costeado por suscripción entre hermanas y fieles.
Cometeríamos una injusticia si olvidáramos a quien durante tantos años ha sido alma y elemento imprescindible, insustituible en cuanto había que hacer en Santa María en general, y en las Nieves en particular; Rafael Pérez Vázquez es quien la subía y la bajaba del camarín, del sitial, del paso; quien la ponía en Besamanos y quien dirigía su andar por las calles. Los fieles la veían con naturalidad en el lugar preciso, sin pensar cómo está allí, y allí lo que estaba era la labor de Rafael secundado por su ayudante; José Luis Espinosa. Lo hemos visto muchas veces trabajar, y vemos como para él, para Rafael, esto es, simplemente, una encendida oración que dedicaba con cariño a la Virgen.
Desde tiempo inmemorial, y sobre todo desde la actuación de la Hermandad, se le canta todos los sábados por la tarde, la salve, y los días entre semanas, el Rosario, hoy desaparecido por la poca asistencia. Y la Misa vespertina se suele decir en su Capilla como lugar más recoleto. Hasta hace pocos años se hacia otra Novena sin solemnidad, en el mes de enero, que el clero le dedicaba implorándola como mediadora en el buen quehacer del año que comenzaba. Durante la Novena Solemne, suele rezarse otra en la Misa matutina para las personas que no pudieran asistir por la tarde.
Por el año cincuenta, el Párroco Don Elías Rodríguez estableció la costumbre, que aún subsiste, de que unos días antes del novenario, generalmente en la tarde del veinticinco, Santiago Apóstol, tras de la Misa, trasladar la imagen desde su Capilla al Altar Mayor, donde luego se la pondrá en el Sitial del Corpus para la Novena. Es llevada sin aureola en unas pequeñísimas andas porteadas por caballeros, llevando el cetro y la corona, el Alcalde y el Prioste, sobre sendos almohadones.

Como ya dijimos, para los cultos se la coloca en el gran dosel del XVIII del Santísimo, que se montaba para el Corpus, y luego se dejaba para las Nieves. Desaparecido el montaje para el Corpus, se monta exclusivamente para las Nieves, corriendo todo el gasto a su cargo, mientras que antes, se compartía entre ambas Hermandades.

No hay comentarios:

Publicar un comentario